Cuenta la historia… Los orígenes de Gabriel Leyva Solano, protomártir de la revolución de 1910

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Por: Juan Manuel Veliz Fonseca

Cronista de Sinaloa de Leyva

El investigador José Carlos Rodríguez Laura en su libro “Personajes del municipio de Sinaloa”, señala que “Leyva Solano nació en la villa de Sinaloa el 11 de octubre de1871, en una casa localizada por la calle Plateros, hoy Miguel Hidalgo, a espaldas de la casa de las señoritas Adelaida, Febronia y Rosario Gaxiola”.

La casa de estas señoritas, se conocía como “La casa de alto” y se encontraba en el terreno que actualmente ocupa la Unidad Administrativa.

Sus padres fueron don Encarnación Leyva y doña Nicolasa Solano.

Gabriel Leyva Solano.

Gabriel Leyva Solano antes de la revolución de 1910, convivía y formaba parte de la élite política en el poder, aunque también defendía a los pobres gracias a los conocimientos que adquirió en su breve paso por el Colegio Civil Rosales, en Culiacán, donde también fue ayudante en el despacho del licenciado Tortolero y Vallejo, mientras que, en la villa de Sinaloa, litigaba en una casa propiedad del licenciado Francisco Peña Montoya (hoy propiedad del doctor Alberto Ramos Rocha).

Ahijado de Emiliano Villalpando, Prefecto Político (interino) y Recaudador de Rentas del Distrito, incluso fue parte de las tertulias literarias llevadas a cabo en casa del poeta y político doctor Enrique González Martínez, Antonio y Miguel Tarriba y el doctor Luis G. de la Torre.

De acuerdo con lo considerado por Félix Brito Rodríguez en “La Política en Sinaloa durante el Porfiriato”, en una cita de esa obra nos dice que Gabriel Leyva formó parte del Colegio Electoral del I Distrito, en 1902, que abarcaba los de Culiacán y Badiraguato, integrado por: “Presidente, Francisco Sánchez Velásquez (Ministro del Supremo Tribunal de Justicia); Secretario, Julio G. Arce (diputado); 1er. Escrutador, Ignacio Noris; 2º, Luis F. Molina (integrante del Ayuntamiento); Ignacio M. Gastelúm (diputado, quien y después se convertiría en el juez que aprobó su asesinato); Eduardo Bátiz (diputado); Samuel Híjar, Gabriel Leyva, Juvencio Torrero, Juan J. Valadés, Emigdio Valadés, Tito Tavizón , Miguel Gaxiola y Astulfo R. Cárdenas”, entre otros, con el fin de que organizara la reelección de Francisco Cañedo Belmonte.

El Distrito de Sinaloa con la candidatura de José Ferrel.

Con la muerte repentina del gobernador Francisco Cañedo el 5 de junio de 1909, las autoridades en turno convocaron a elecciones extraordinarias para nombrar al nuevo gobernador sustituto, que duraría hasta 1912. Surgieron entonces las candidaturas de Diego Redo de la Vega, apoyado por los porfiristas, y la del periodista José Ferrel Félix, apoyado por el pueblo desde el principio: “Leyva Solano, desde Sinaloa, solicitó al candidato demócrata, informe al primer magistrado de la república, que el club sinaloíta tiene informes de que la Prefectura del Distrito obligó a los celadores a que instiguen a los habitantes de sus respectivas demarcaciones para que se adhieran a Redo”.

Gabriel Leyva Solano destacó por su lealtad y apoyo a Ferrel y no sólo él, desde gente rica hasta pobre como: Maximiano, Narciso, Antonio, Jesús, Pedro, Carlos, Leonardo, Gabriel, Trinidad, Casiano, José, Manuel, Nicolás, Rafael, Sóstenes, Juan, Láfiro, Marcos y José Epifanio, todos de apellido Gámez, originarios de Cabrera de Inzunza; Jesús Gámez Valdez, Francisco Gámez Beltrán, Juan Díaz Salcedo, Dionisio García, Rosendo Verdugo, Elías Arias, ingeniero Emiliano Z. López, Onofre Sandoval, Francisco S. Soto, Francisco I. Saracho, Gualberto Félix, Valentín Lugo, Antonio Palazuelos, Manuel Montoya e Hipólito Palazuelos, entre otros, todos ellos radicados en la Villa de Sinaloa; de Portugués de Norzagaray, los hermanos Guillermo y Erasto Norzagaray; de la Hacienda de Mazocari, Guillermo Peña, que después lo traicionaría; Pilar Rubio y Heráclio Llanes, de Ranchito de Llanes.

Casas de aquella época se resisten a desaparecer en Sinaloa de Leyva.

Las mujeres también participaron en las “columnas ferrelistas” a pesar de que no votaban. Destacaron como activistas: Rosenda Díaz de León, Aquilina Camacho, Guadalupe Llanes, Adelina y Trinidad Castañeda, Adela Gastelum, Enriqueta Heredia (hermana de José G. Heredia, después se convertiría en esposa de Valentín Lugo), María Gámez, y Carmen Camacho.

Es muy probable que alguna de ellas haya escrito el himno a José Ferrel, “La Marsellesa Sinaloense”, con música de la “Mamá Carlota”, cuyas estrofas guerreras se escuchaban desde la sierra a los valles. El 16 de julio fue recibida mediante una carta al coordinador de campaña, el periodista y escritor Heriberto Frías, con autor anónimo, desde la villa de Sinaloa y decía así:

“Ferrel sigue triunfando, y Redo va en derrota,
¡Adiós mamá Carlota, adiós mi tierno amor!

El pueblo generoso, sus pesares olvida,
Contempla su partida, con todo y orador.

Ferrel es su bandera
Que en patriotismo flota…
¡Adiós mamá Carlota,
Adiós mi tierno amor!

Radiante en Sinaloa
Surgió la democracia,
La vieja aristocracia
Claudica y tiene tos.

Entre otras estrofas.

Protestan ante la candidatura de Diego Redo.

El día 23 de junio de 1909, un grupo de alumnos del Colegio Civil Rosales encabezados por Rafael Buelna Tenorio abuchearon con mueras a la comitiva del señor Diego Redo de la cual iba al frente, después destruyeron el candado del cancel, emprendiendo carrera hasta el parque Rosales. Allí se alinearon, con la gente del pueblo que se les juntó, y luego recorrieron las calles de la población regresando al Colegio, a las 11 horas de esa noche.

Esta protesta costo la expulsión del Colegio Civil Rosales a “Francisco Mussot (hijo), edad 17 años; Filiberto Zazueta, edad 16 años y Alfonso Murúa Martínez, edad 15 años”, ellos originarios de la villa de Sinaloa. Francisco Mussot no continuó su carrera y más adelante se convirtió en empresario de la Luz Eléctrica; Filiberto Zazueta, su padre, Felipe Zazueta, había sido Prefecto Político y después impulsarían el comercio y la minería. Alfonso Murúa sí concluyó su carrera de abogado en el Colegio Civil Rosales, la cual le fue muy exitosa en el servicio público.

Los tres ya murieron. Los dos primeros al parecer están sepultados en el panteón de Guasave y el licenciado Murúa en el de Sinaloa de Leyva.

Las elecciones se llevan a cabo bajo un descarado fraude.

Las elecciones se llevan a cabo el 8 de agosto de 1909, de “manera fraudulenta a favor de Diego Redo”, por ejemplo, en el Distrito de Sinaloa: “Se desarrollan en un indigno fraude desde San José de Gracia, Bacubirito, Guasave y Bamoa. Así lo informa el ingeniero Emiliano Z. López”.

Los resultados fueron los siguientes: “Distrito de Sinaloa: Diego Redo 3 mil 219 votos y José Ferrel, 1 mil 663; mientras que la votación total en todo el Estado fue para el primero 35 mil 985 y para el segundo 15 mil 790”.

El 27 de septiembre de ese año Diego Redo tomó posesión como gobernador.

Revolucionarios afines a Leyva Solano.

Ferrel se fue a la ciudad de México, donde continuó su carrera como periodista.

Murió en esa ciudad a los 89 años. Por su parte, nuestro personaje continuó la lucha en esta villa de Sinaloa.

Leyva Solano se une a Francisco I. Madero.

Desde entonces Leyva Solano quedó marcado como opositor a la política porfirista “y él no era persona dejada, fue de gran espíritu demócrata”. Traía la espina clavada cuando fue notificado que el 6 de enero de 1910, el candidato a presidente de la república, Francisco I. Madero, estaría en gira por el estado de Sinaloa y visitaría Angostura.

Fue al encuentro con Madero, junto con Juan Díaz Salcedo, Dionisio García, el ingeniero Emiliano Z. López, Epifanio Briones, Evaristo Sandoval (padre), Evaristo Sandoval (hijo), Onofre Sandoval, Elías Arias, Rosendo Verdugo y otras personas que formaban parte del Comité Antirreeleccionista, junto con los Mascareño, Gaxiola y otros.

¡A Leyva Solano intentaron matarlo!

Al apoyar Leyva Solano la candidatura de Madero, se convirtió en enemigo acérrimo de los caciques de la villa. Cierto día en se encontraba con sus partidarios en la banqueta de la casa de don José de la Luz Cazares que él rentaba (hoy propiedad de Oscar Escalante), por la calle de La Parroquia (hoy calle Madero), desde el tanque de agua, ubicado en el “Cerro de Surutato”, propiedad de la “Empresa de agua y luz de Sinaloa” que quedaba al frente de la casa mencionada, le fue disparado un balazo, pegando a cincuenta centímetros de la cabeza de Gabriel Leyva. A pesar de que se abrió averiguación ante el Ministerio Público, todo quedó en el misterio, aunque Leyva sabía que ese atentado venía de los “redistas”.

Su gira electoral por el Distrito, sin retorno.

Ante el hecho de que el 11 de julio de 1910 serían las elecciones federales, Leyva y sus partidarios, a pesar de los peligros, pues eran espiados por el gobierno de Redo, decidieron hacer una gira electoral dentro de lo que marca la ley por el distrito:

“2 de junio 1910, por la noche se reunieron en Baburia en la casa de Aureliano Montoya, para darle los últimos toques al programa, en presencia de don Aparicio Camacho, telegrafista de la villa de Sinaloa y originario de Concordia”.

“3 de junio 1910, en Agua Caliente de Cota, integraron el club Antirreeleccionista, designando un elector y el personal de propaganda. Leyva habló a sus correligionarios en términos claros: “Lo más probable es que todas las autoridades del gobierno dictador nos entorpezcan la votación y, en este caso, no cabe más remedio que irnos a las armas para hacer respetar nuestros derechos por medio de la fuerza, pues contamos con la opinión pública, que es la que siempre triunfa, porque va con la justicia y la razón en la mano”. Dicho esto, contestaron todos: “Estamos enteramente resueltos a ir al sacrificio si es necesario, y si perecemos en la lucha, nuestros hijos verán el triunfo de la causa que nosotros perseguimos y de ese modo, ellos vivirán contentos con un gobierno honrado y demócrata”.

“4 de junio 1910, llegaron a la ‘Hacienda de El Salado’. A las 12 horas se realizaron los mismos trabajos que se hicieron en la ranchería anterior”.

“5 de junio 1910, arribaron a la ‘Hacienda de Mazocari’, propiedad de don Guillermo Peña, (era hijo del licenciado Francisco Peña Montoya, quien había sido secretario de gobierno de Eustaquio Buelna) quien hace creer a Leyva que él, era un fiel partidario de su lucha, incluso que él mismo se levantaría en armas con todos sus trabajadores y se encargaría de organizar todas las rancherías cercanas a su hacienda. Leyva le creyó todo ya que en la campaña de Redo-Ferrel, Guillermo Peña contrarió los propósitos de sus familiares y junto con Gualberto Félix, el día de la votación llevó un magnífico contingente a favor de José Ferrel”.

Leyva Solano con su familia.

El día 6 de junio 1910, de regreso a la villa, llegan a Portugués de Norzagaray, donde se hacen los mismos trabajos electorales y con sus correos envía desde esa comunidad una carta explicándole lo que se estaba realizando. También vienen unas claves dirigidas al licenciado Madero.

El historiador Roberto Flores Rodríguez Nevárez, en conferencia llevada a cabo el 10 de junio del año en curso, en el Colegio de Sinaloa en Culiacán, descifra esas claves a través de la Criptografía, donde Leyva le expresa al señor Madero lo siguiente:

“Pero dígame, señor, en caso de fraudes o atropellos, ¿qué hacemos? Estoy resuelto a dar la vida y conmigo más de mil, para que se cumpla la voluntad nacional y por lo mismo le suplico decirme: ¿cómo obramos?”

Esta carta está en el museo del Parque Constitución en Culiacán, Sinaloa.

Sinaloa, junio 6 de 1910

Señor.
Don Francisco I. Madero
México

Muy respetable señor

He escrito a Ud. dos cartas, de las que aún no he tenido contestación, y me explico su silencio, pues ya he visto por la prensa, la inmensa labor que ha estado desempeñando en estos días. El entusiasmo es tan grande aquí por la democracia y por las candidaturas de Ud. y del Dr. Vázquez Gómez, que sólo puede definirse así: indescriptible. Pero las autoridades cometen a diario los atropellos en contra de los ciudadanos independientes, encarcelándolos por cualquier pretexto, consignándolos al servicio de las armas y subiendo las contribuciones de manera escandalosa injusta. Sin embargo, esas medidas no han dado por resultado sino aumentar el malestar y el odio que hace tiempo germina en el ánimo de los ciudadanos.

Por este mismo correo escribo en grafis al señor Lic. Emilio Vázquez, diciéndole que hoy voy a comenzar una gira por todo el distrito a fin de asegurar el ganarles un elector antirreeleccionista, pues de eso depende el triunfo de nuestra clase.

«Rhtpflljbñh, uhqps, gp, edupfhhtdvfh p extprhñpu, yryhjdffñrv, guypashvvgnyp efdtmdyllgbzerpnlljpñdvfhñlln, rdtbrryh uh eyoqmd md yrnvoxdeodfjqpdll, zrrtmrñllvnqmbvyrrlllfrfhfsoh:eropqetbñrv«.

La cual significaba lo siguiente: “esperando que la democracia triunfe, viendo todos los mexicanos a Ud. en la presidencia, que son nuestros anhelos, me es grato suscribirme de Ud. una vez más su Afmo. atto. Servidor Q.B.S.M.

Firma Gabriel Leyva Solano.

7 de junio 1910, arriban a la comunidad de “El Veranito”, platican con la gente y se hace lo mismo, todo se realiza con rapidez por así exigirlo las circunstancias, según relata Maximiano Gámez Cerecer.

8 de junio 1910, por fin llegamos a mi pueblo, dice Maximiano Gámez Cerecer. A las primeras horas de la mañana, nos dirigimos a la casa de mi hermano Antonio Gámez, con el objeto de reunir ahí a todos mis familiares y demás amigos, que estaban de acuerdo con nuestras ideas y para poder reunirnos mandamos varios citatorios, siendo el primero en presentarse con nosotros, Narciso Gámez Figueroa y Jesús Félix, a quien habíamos seleccionado como elector.

Luego la esposa de mi hermano nos informó que hacía media hora que nos habían llegado dos correos de Baburia, enviados por Agustina Viuda de Montoya y otro de Sinaloa, de Luis Cota, donde nos decían: “Por ningún motivo nos acercáramos a la Villa de Sinaloa, pues corríamos peligro y que tomáramos todas las precauciones”.

Continúa el señor Maximiano Gámez, “ya como a la una y media de la tarde, después de haber comido, divisamos como a 200 metros una caballería que se dirigía a la casa donde estábamos, entonces dije al señor Leyva: “Aquellos parecen soldados”, a lo que contestó: “Sí, no tiene duda, vienen a aprehendernos”.

Narciso dijo: ”Diga usted qué hacemos; ¿peleamos o nos dejamos aprehender?” Leyva le contestó: “De ningún modo permito que nos aprehendan; hay que vender caras nuestras vidas”.

Ya no hubo tiempo de hablar más, porque el enemigo estaba sobre nosotros, siendo el jefe de esa fuerza el comandante de la policía de Sinaloa, Jesús López, mejor conocido como “El Manito”. La escolta se componía de 27 hombres montados y armados; nosotros éramos tres, pero tuvimos que aceptar la lucha tan desigual.

Luego se cerró el fuego, habiendo luchado cuerpo a cuerpo, hasta llegar a darnos con las pistolas. Una parte de la fuerza nos atacó a pie, pero todos sus componentes tomaban parte en el ataque, disparándonos a quemarropa y como a los diez minutos de estar combatiendo cayó muerto uno de los soldados del gobierno llamado Francisco Guerrero, así como su caballo; minutos después cayó gravemente herido el comandante López, y después Francisco Romero alias “El Piedras”. Viéndose la escolta sin jefe, dio media vuelta y se parapetó en las casas vecinas, pero ya sin hacer fuego… luego nos retiramos con la novedad de que Leyva había sido herido en una oreja y nos dirigimos rumbo a la “Hacienda de San Vicente” cerca de Mazocari”.

De acuerdo al acta de defunción de Francisco Guerrero, que se encuentra en la oficina del Registro Civil, nos dice: “Compareció Anacleto Berrelleza, celador de Cabrera de Inzunza, donde dijo: A las 12 horas del día de ayer falleció de un balazo el señor Francisco Guerrero, de 30 años de edad, labrador y vecino de El Álamo, jurisdicción de Ocoroni. Hijo de Pedro Guerrero y Melesia Araujo”. Mientras que “El Manito” y “El Piedras” quedaron fuera de peligro, ya que no hay indicios que hubieran muerto en ese combate y sus heridas fueron leves.

“9 de junio, arribo a la “Hacienda de San Vicente”. Se entrevistaron con Guillermo Peña, quien los alojó y recomendándoles su traslado al “Aguajito del Bainoro” por ser lugar más seguro, comprometiéndose a mandarles alimento, señalándoles, que él, iría a Sinaloa para ver cómo andaban las cosas; recomienda a Leyva, Maximiano y a Narciso que no se movieran. A Luis Cota y Pilar Rubio, Leyva los había mandado de correos”.

El 10 de junio 1910, Leyva y sus amigos ya no recibieron comida ni comunicación alguna, cuestión que los sorprendió notablemente y como la orden de su amigo Guillermo Peña era no moverse, así lo hicieron.

El 11 de junio 1910, la mañana transcurrió como el día anterior, narra Maximiano Gámez, “como a la tres de la tarde, oímos unas cornetas muy cerca de nosotros, dando origen esto a que Leyva nos dijera.: “Creo que estamos sitiados”. Subí sobre unas rocas dominantes, y en efecto, pude darme cuenta de que algunas caballerías nos ponían sitio, que serían aproximadamente en número de 150 hombres de tropa, comandados por el capitán Ignacio Herrera y Cairo.

Esta fuerza fue mandada violentamente por el gobernador Diego Redo, que aumentó el contingente con los pistoleros que organizó el prefecto de Sinaloa Antonio Barreda, las que puso bajo las órdenes de Juan Heredia y de Leocadio Moreno alias ‘el vique’. Ya que nos dimos cuenta de que estábamos sitiados comprendimos cuál fue el origen de ese sitio.

El 12 de junio 1910, ahí permanecimos, sigue narrando Maximiano, sin alimentación, pero sin novedad por parte del enemigo que no se animaba a atacarnos creyendo que teníamos más hombres para resistir y porque nuestras posiciones eran muy ventajosas. Como a las doce del día, nos habló Leyva, diciéndonos: “Muchachos, estamos perdidos. No tenemos modo de combatir y el hambre nos acosa a cada momento. Creo conveniente que ustedes salgan pues son hombres de grandes energías, impuestos a estas fatigas y en completas condiciones de defenderse en caso de ser sentidos por el enemigo. No así yo, que soy más torpe. Yo no puedo salir y lejos de ayudarles les entorpecería. Mi plan es que, si logran salir con toda facilidad del sitio, procuren hoy mismo ver cuántos hombres reúnen de los nuestros, tal vez hallen la manera de protegerlos, y una vez con ellos busquen la parte más apropiada para poder llegar hasta aquí y sacarme hoy mismo en la noche. No dudo de ustedes, porque son hombres resueltos y leales en el caso de que las circunstancias lo permitan”.

Los Gámez salieron a punta de pistola y no pudieron regresar por Leyva, ya que fue capturado por pistoleros de Barreda, Juan Heredia y Leocadio Moreno quienes se animaron a entrar al barranco, mientras los rurales, al mando de Herrera y Cairo, cuidaban que no salieran por otro lado, ante la sorpresa de que un solo hombre los había mantenido a raya. De inmediato, esa misma tarde-noche, Leyva fue trasladado a la villa de Sinaloa.

El 13 de junio 1910, en la cárcel de la villa de Sinaloa, nos informa Emiliano Z. López, estaban sus amigos (que habían sido detenidos desde el día 9 de ese mes), Juan Díaz Salcedo, Dionisio García y Emiliano Z. López, encarcelados gracias a los informes que había dado el señor Guillermo Peña.

¡Y que vemos entrar a Leyva erguido y animoso, dejando ver una herida en el pabellón de su oreja izquierda!

Se le internó en un calabozo, destinado a los criminales, falto de luz y aire; fue la última vez que lo vimos.

En los distritos de Mocorito y Sinaloa habían sido aprehendidos el día 11 de junio los siguientes hombres de tendencia antirreeleccionista y recluidos en la cárcel de la villa de Sinaloa: Felipe Riveros, Elías Mascareño, Antonio Cuadras, Lázaro Camacho, Daniel Gaxiola, Baltasar Angulo, José María Angulo, Felipe García (padre), Felipe García (hijo), Eligio Loredo, Carlos Castro, Macario Riveros, Anatolio B. Ortega, Antonio Sandoval, Epifanio Briones, Arcadio Beltrán, Joaquín Mascareño, Carlos y Antonio Gámez, Rudesindo Mascareño, Nicolás Cuadra, Vicente Gaxiola (padre de Macario Gaxiola quien después alcanzaría el grado de General).

Recuerdo también, dice Emiliano Z. López, que dentro del cuerpo de rurales se encontraba Juan M. Banderas, conocido como “El Agachado”, pistolero del gobernador Diego Redo y que después se “cambiaría» con los revolucionarios donde alcanzó el grado de general.

El 13 de junio, era el día de San Antonio, onomástico del Prefecto del Distrito, el capitán y verdugo Antonio Barreda, nos narra Emiliano Z. López, “notamos un inusitado movimiento entre las tropas, y cerca de las tres de la tarde vimos salir a una escolta, mandada directamente por Ignacio Herrera y Cairo; nadie sospechó la causa de aquel movimiento. Horas después aquella escolta regresaba, colocando sus fusiles en el banco de armas. Vimos que un rural tomó un arma recientemente colocadas, llevó el extremo descubierto del cañón a los poros de su nariz, el olor de la pólvora se percibió y aquel rural solamente movió la cabeza….Aquel movimiento tenía por objeto conducir al señor Leyva a Cabrera de Inzunza para practicar una diligencia de reconstrucción de los hechos verificados el día 8 de junio, diligencia decretada por el licenciado Ignacio M. Gastelum, juez especial que Redo comisionó para enjuiciarnos también a nosotros”.

No se practicó la diligencia argumentando: “El reo cometió la imprudencia de desviar la ruta, internándose en la espesura del monte, en son de fuga. Herrera y Cairo y los suyos tuvieron que hacerle fuego, con tan loable puntería que el señor Leyva cayó y cayó para nunca levantarse”.

Así glorificó Barreda, uno de los aniversarios de su vida, así quedó lavada la derrota del ‘redismo’ en Sinaloa, en medio de las palmas que a la hora del sacrificio de nuestro loable infortunado amigo, se tributaban a Barreda en el Casino de Leandro Ceballos y Eligio Rojo (ubicado por la calle Benito Juárez, también era hotel llamado “Saracho”, hoy propiedad de Ignacio Escobar), y donde participaba lo más granado de la sociedad masculina de la ciudad de Sinaloa, con fenomenal y gigantesca borrachera, el asesinato cometido.

Termina el ingeniero Emiliano Z. López: “Más tarde llegó a la prisión la noticia del asesinato de nuestro correligionario, siendo el primero en acercarse para comunicármelo, el señor don Joaquín Mascareño, quien me dijo densamente conmovido, “Ya fusilaron a Leyva, Dios lo haya perdonado”.

A las 9 de la noche llegó el cadáver de Leyva a los portales de la cárcel. Esa noche se desató una tempestad furiosa que envolvía a Sinaloa en una noche lóbrega, el cielo se había cubierto de luto por aquel Mártir. El día siguiente como a las 11 de la mañana, se desplomó un arco de la iglesia de San Felipe y Santiago, como protesta divina, presagiando lo que horas más tarde acontecería.

El traslado de los restos de Gabriel Leyva Solano a la rotonda de los hombres ilustres.

En ese lugar, a las 17:00 horas, se condenaría a Leyva Solano al ‘paredón’ sin juicio alguno. “Trató de escapar y le disparamos”, diría en los alegatos el comandante Ignacio Herrera y Cairo, pero los balazos los tenía por el frente. Así lo especifica el certificado de defunción que expidió el doctor Luis G. de la Torre y el señor Valente Bojórquez, que dice:

“Constituido el personal del Juzgado expresa el documento en unión de los peritos en el lugar antes dicho y siendo las 8 de la noche, se dio fe que, como a unos doce metros del camino real que va para Cabrera de Inzunza y siguiendo una veredita que se interna al monte se encuentra el cuerpo de un hombre al parecer muerto, que viste saco de casimir negro, pantalón de civil a rayas, zapatos de abrochadura, camisa blanca de silesia y camiseta de punto.

Examinado se le encontraron las siguientes lesiones causadas al parecer con arma de fuego: la primera, situada en la raíz da las narices, lado derecho, de un centímetro de extensión, quedando alojado el proyectil en la columna vertebral en la parte cervical; la segunda, situada en la región pectoral lado derecho, de dos centímetros de extensión; la tercera, situada al nivel de la región epigástrica a ocho centímetros arriba del ombligo y tres centímetros fuera de la línea media, de dos y medio centímetros de extensión y la cuarta, al nivel del noveno espacio intercostal en el mero reborde costal, de uno y medio centímetros de extensión”. Terminando así con la vida del profesor Gabriel Leyva Solano.

El 14 de junio 1910, nos dice el señor Rosendo Verdugo: “Allí permaneció hasta otro día como a las nueve de la mañana que Evaristo “El Cuate de La Tutia” Sandoval, Alfredo Gámez, Cesáreo Zamora, Juan Díaz Salcedo y un servidor fuimos a solicitar el cuerpo y lo llevamos a su casa, ubicada por la calle de La Parroquia, hoy llamada Francisco I. Madero (casa propiedad ahora de Mirna Heredia), en donde se veló, y como a las cinco de la tarde partió el cortejo fúnebre, sepultándolo en el panteón municipal”.

Terminó así la vida de quien fue el primero que encendió la chispa de la Revolución, en 1910, y como dice el corrido: “Gabriel Leyva dio la vida primero y antes que nadie”.

De Villa de Sinaloa a Sinaloa de Leyva.

En los archivos del Congreso del estado de Sinaloa, encontré el decreto municipal Nº 5 fechado el día 20 de mayo de 1933, que nos permitirá aclarar sobre el nombre del Municipio ya que en algunos escritos se le nombra o escribe incorrectamente de la siguiente manera: ”El Municipio de Sinaloa de Leyva”, lo correcto es “El Municipio de Sinaloa”.

Sinaloa de Leyva hoy, a 110 años del asesinato de Gabriel Leyva Solano.

El decreto aprobado en esa época se refiere a la cabecera Municipal (Sinaloa de Leyva) y no al Municipio. Por lo tanto y para una mayor aclaración, dicho decreto dice así:

“Ayuntamiento Constitucional, Sinaloa, Sin.

Joaquín L. Ibarra, Presidente Municipal Propietario, en la municipalidad de Sinaloa, Sin., a sus habitantes hago saber.

Que el H. Ayuntamiento de esta misma municipalidad, me ha dirigido el siguiente:

DECRETO MUNICIPAL NÚMERO (5) CINCO

El H. Ayuntamiento de la municipalidad de Sinaloa, Sin., a nombre del pueblo que representa haciendo uso de sus facultades que le conceden las leyes relativas, y RESULTANDO:

Primero.- Que con fecha 16 de noviembre del año próximo pasado, fue enviada ante este H. Ayuntamiento, una iniciativa suscrita por el señor don Alejandro Ray Mac Dougall, en la cual se le solicitó se le imponga legalmente a esta población de Sinaloa, Cabecera de la Municipalidad y Estado del mismo nombre, el nombre de “CIUDAD LEYVA” como justo homenaje de gratitud a la memoria del extinto don Gabriel Leyva Solano, declarado Protomártir de la Revolución Mexicana de 1910 que encabezaría el apóstol don Francisco I. Madero.

Segundo. – Que la declaratoria oficial se lleve a cabo el día 13 de junio del presente año, fecha en que se cumplirá el 23avo aniversario de su sacrificio, y CONSIDERANDO:

Primero.- Que según iniciativa presentada en los términos del resultado primero, se pretende imponer a esta población el nombre de CIUDAD, que no tiene, por haber quedado en categoría de VILLA, conforme a las leyes vigentes y no de CIUDAD.

Segundo.- Que tomándose en cuenta los antecedentes que pueda tener esta población por su antigüedad, fundada desde la época de la conquista y la cual lleva el nombre no solamente de la municipalidad de donde es cabecera sino también el del Estado que lo forma todo el conglomerado de esta entidad federativa.

Tercero.- Que la práctica observada con otras poblaciones como son la Ciudad de Puebla, Capital del Estado de su nombre y Culiacán, que es la Capital de este Estado de Sinaloa, que tuvieron resonancia hechos de armas que fueron coronados con el triunfo sobre una invasión extranjera y en las que lucharon los insignes generales Ignacio Zaragoza y Antonio Rosales, respectivamente, en las batallas del cinco de mayo y veintidós de diciembre en los años de 1862 y 1864, no ha sido posible cambiarles a las citadas poblaciones sus nombres antiguos; sino que únicamente se les aumento el apellido que correspondió al héroe de cada jornada , cuyos nombres brillan y brillarán siempre como estrellas de primera magnitud en el cielo de la Patria Mexicana: se tiene bien a decretar:

Articulo 1º.- No es de aceptarse y no se acepta lo solicitado en la iniciativa presentada en lo que respecta a nombre de CIUDAD que se pretende imponérsele a esta población de Sinaloa, por carecer de esta categoría según el último censo del Estado.

Articulo 2º.- Se toman en cuenta los relevantes méritos del Protomártir de la Revolución de 1910, señor GABRIEL LEYVA, y se impone a la Cabecera de esta Municipalidad de Sinaloa, hoy VILLA, el nombre de “SINALOA DE LEYVA” como homenaje de gratitud a la memoria del que fue hijo de esta Villa y Primer Mártir de la Revolución.

Articulo 3º.- Este decreto comenzará a surtir sus efectos a partir del día TRECE DE JUNIO próximo, fecha del 23º Aniversario de su sacrificio, y se organizará al efecto una ceremonia pública que sea modesta, pero solemne, que se lleve a cabo en la Plaza Constitución de esta población a las 18 horas. Comuníquese al Ejecutivo Municipal para su sanción, publicación y observancia.

Así lo resolvió el H. Ayuntamiento de la Municipalidad de Sinaloa, Sin., por mayoría absoluta de votos, en el salón de acuerdos del mismo, a diecinueve días del mes de mayo de mil novecientos treinta tres.

El presidente del H. Ayuntamiento Joaquín L. Ibarra. Secretario, Eduardo Osobampo.

Por tanto, mando se imprima, circule y publique para su debido cumplimiento.

El obelisco, un monumento en honor a Leyva Solano.

“El Obelisco”, lugar conocido como “Loma de Peñuelas”, fue inaugurado el 13 de junio de 1933, monumento en su honor, y donado por un grupo de ciudadanos potosinos: “El Comité Cívico Pro Gabriel Leyva Solano, en amorosa Unción al Primer Protomártir encabezando de la Revolución de 1910”. Así reza en la parte de enfrente; en la parte de atrás dice: “Anhelo sublime de libertad al pueblo, fue la obra precursora de Leyva”; al costado derecho dice: “Luchar, destino humano; sacrificio, destino de héroes”; al costado izquierdo dice: “En la lucha por la libertad de un pueblo, la ley suprema es vencer o morir”.

El obelisco en el ejido Loma de los Peñuelas, sitio de la muerte del protomartir.

Encabezados por el potosino, pero radicado en la villa de Sinaloa, el ingeniero Emiliano Z. López, estuvieron el gobernador de Sinaloa, profesor Manuel Páez; presidente municipal Joaquín Luis Ibarra; diputado Melesio Angulo; coronel Gabriel Leyva Velázquez y por la ciudadanía en general.

Leyva a la Rotonda de los Hombres Ilustres.

El 13 de junio de 1955, a petición de las autoridades municipales, encabezadas en ese entonces por el C. Manuel de Jesús García Castro, presidente, los estatales por el gobernador y doctor Rigoberto Aguilar Pico, y el Congreso por el diputado licenciado Maximiano Gámez Montoya, lo restos de Gabriel Leyva Solano fueron trasladados a la Rotonda de los Sinaloenses Ilustres, así también su nombre fue colocado con letras de oro en el Congreso del Estado.

También, ese año, en honor de Leyva Solano fue erigido un busto escultórico en la cabecera municipal, ubicado en la calle Francisco I. Madero y la división de la desaparecida calle Eduardo Osobampo, frente a la casa donde fue velado y donde “supuestamente” vivía Leyva.

En 1981, con la modernidad de la cabecera en el periodo de licenciado Juan Antonio Guerrero, fue removido dicho busto y colocada una estatua de Leyva Solano de cuerpo entero en la nueva plaza cívica contigua al palacio municipal.


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