Cuenta la historia… El doctor Anaya de Sinaloa de Leyva

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Por: Juan Manuel Veliz Fonseca

En esta casa que se ilustra en la presentación de esta nota, vivió y consultó por más de 50 años el doctor Jorge Anaya Gil, un hombre que la sociedad de toda la ex Villa de San Felipe y Santiago, hoy Sinaloa de Leyva, así como sus alrededores sigue recordando por su ‘don de gente’ quien a través de la medicina atendió desde los habitantes más acaudalados de la comarca como al más humilde.

Los antiguos propietarios de esta casa fueron Lorenzo Saracho y Lucia Cázarez, después pasó a ser propiedad de los hermanos José de la Luz, Trinidad y Carlota Cazares, de ahí en común acuerdo venden esta casona al señor Ignacio Escobar Michel.

José de la Luz se casó con Elena ‘la nena’ Valdez, era originario de Mocorito y se desempeñaba como empleado de gobierno municipal además era filarmónica.

También en esta casa se instaló un salón llamado «El Kamichu» donde muchos jóvenes de aquella época ‘perdían la inocencia’. Aquí también vivió de renta e instaló su consultorio por más de 50 años el doctor Jorge Anaya Gil.

El doctor Anaya como se le conocía, llego a Sinaloa un 24 de junio de 1952, venía a ocupar la dirección del Centro de Salud a la sindicatura de Pericos en el municipio de Mocorito. Había llegado procedente de Guadalajara a ejercer la carrera de medicina que había estudiado en la prestigiosa Universidad de Guadalajara. A los pocos meses se había casado con la señorita Blanca Cazares de ese lugar procurando dos hijos, Sara y Héctor, después se trasladó a Sinaloa de Leyva.

No hay comunidad del municipio o de otros municipios que no hayan sido consultados por el doctor Anaya, hombre de gran pasión por la medicina al servicio de pobres o ricos, de carácter filantrópico y humanista, por su acciones y sus anécdotas tratando de emulara a otro personaje ilustre de la antigua villa en referencia al doctor Luis G de la Torre.

Aquí algunas de sus anécdotas.

Un día llegó una mujer de nombre Luisa ‘licha’ Romero procedente de la comunidad de Las Playas, fiel paciente y de mucha fe del doctor Anaya, lo que le recetara el doctor se aliviaba de cualquier mal. En cuanto lo miró le dijo ‘ay doctor estaba muy preocupada porque la gente del rancho me dijeron que se había muerto’, el galeno la miró detenidamente y le soltó una respuesta contundente con su léxico jalisciense le respondió ‘ay licha cuando te vuelvan a decir mandarlos a tiznar a su madre y diles que hay doctor Anaya para rato’.

Otra anécdota que comenta gente de aquella época dicen que un día llegó al consultorio un paciente que brindaba por el hipo. Doctor le dice el paciente ‘ya anduve por Guasave, Los Mochis hasta Culiacán y los doctores que consulté no me alivian’.

Luego de revisarlo el doctor Anaya se mete a su recámara que estaba junto al consultorio y de repente le pregunta ‘¿Con qué no se te quita el hipo?’ al momento que hizo el brazo atrás y desenfundó una pistola 45 y apunto al paciente, esa acción impresionó y asustó al hombre preguntando el doctor ‘¿Verdad que se quitó el hipo? la verdad que si’ asustado respondió pero con gran alegría y apresurado balbuceo ‘¿Cuánto le debo doctor? nada mi amigo’, el hombre salió del consultorio sanado y con una sonrisa de satisfacción el paciente después de haber durado más de un mes con ese problema del hipo.

Cabe hacer mención de los ayudantes que tuvo el doctor Anaya, destaca Fernando Meza (padre), Jesús Antonio Meza Berrelleza, Jesús Adán Zazueta, Raúl Romero Valle, entre otros, son olvidar a Flora Berrelleza viuda de Meza quien por muchos años fue su cocinera, además de ‘pancho’ Rojo quien era el chofer de su confianza quien lo trasladaba hasta su natal Guadalajara en unos viajes inolvidables.

De Guadalajara dos veces por semana llegaba a su consultorio el periódico «El Informador» donde una hermana del doctor escribía cada domingo una columna, el historiador José Carlos Rodríguez Laura platica que a él le tocó llevar personalmente a la redacción del periódico el material aportado por la hermana del doctor, catalogando a la familia Anaya Gil como ‘muy educados y cultos’.

Con sus ahorros logró adquirir algunas propiedades en la ‘perla tapatía’ y fue dueño de Laboratorios «Angla» en la colonia Independencia de esa ciudad.

Entre los pasatiempos del doctor Anaya estaba el salir en caravana al monte llevando consigo alrededor de 10 pistolas de diferentes calibres y unas 15 charolas de cerveza Tecate roja acompañado de Mario Acosta, Francisco Villegas, ‘chuy tuares’, ‘toño’ Meza, entre otros buenos amigos.

Un reloj de arena, una planta de azucena en su jardín, una grabadora donde sintonizaba la estación Radio «La Paz», un bañito rudimentario donde calentaba el agua fuera invierno o verano en un balde metálico sobre un hornillo, un gallinero y un automóvil LTD color café, son solo algunas cosas que distinguía su entorno.

Los profesores Roberto ‘mono’ Veliz y Ramón Maldonado Vejar, ‘el tuba’ de Baburía, ‘el huico’ de Máripa era su taxista preferido, Jesus ‘chuy’ Cota, ‘el coño’ Veliz y Gabriel Castro también fueron del circulo cercano de las amistades del reconocido personaje.

Al sentirse enfermo el doctor se trasladó a su querida ciudad de Guadalajara, donde dos meses después de haber dejado Sinaloa de Leyva fallece en ‘la perla tapatía’ el 19 de diciembre del 2007 a la edad de 84 años.


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