La estatua de Lola Beltrán

Compartenos

Por: Agustín Torres Sotomayor

Corría el año de 1990, Francisco Labastida Ochoa entonces Gobernador de Sinaloa, había ordenado construir un monumento a Lola Beltrán, sería el máximo homenaje de su ejercicio gubernamental para la más grande de todas las diosas de la canción mexicana.

Por instrucción de Lola Beltrán,  me hablo por teléfono el ex presidente Municipal de El Rosario Luis Villegas para invitarme al homenaje.

Cuando recibí la llamada estaba en el bar del hotel «América» con el locutor Mario Lugo, Octavio Ibarra Cota, Andrés Rivera, Refugio Haro, Oscar Guerrero,  Armando Soto (padre del boxeador «zorrita» Soto) y mi compadre Gilberto Vizcarra Vega (sobrino de Chuy Vizcarra),  jugábamos una partida de dominó.

Claro que los invite a El Rosario, Sinaloa.

Los únicos que aceptaron ir conmigo fueron Mario Lugo, mi compadre  Gilberto Vizcarra, Armando Soto y yo.

Cuando llegamos a El Rosario Sinaloa, por instrucción de la señora Lola Beltrán, el ex alcalde Luis Villegas nos instalo en el hotel «El Yauko».

Los demás invitados se habían hospedado en Mazatlán.

Recuerdo a Diego Verdaguer y Amanda Miguel (compadres de Lola porque había bautizado a Ana Victoria su hija); Thalía y Laura Zapata; Enriqueta Jiménez «La prieta Linda»; el periodista Jacobo Zabludovsky; el actor Fernando Allende; Emilio Azcárraga Jean dueño de Televisa; y Humberto Elizondo dirigente de la ANDA; entre muchas personalidades de nuestro país.

Todos estábamos  sentados alrededor de la mesa donde estaba Lola ‘la grande’ acompañada de María Teresa Uriarte y su esposo el Gobernador de Sinaloa,  Francisco Labastida Ochoa.

Cuando servían la cena, Lola Beltrán me hizo una señal y yo me acerqué, me pidió que le dijera a Fernando Allende que se acercara a su mesa, porque la doctora María Teresa Uriarte de Labastida quería preguntarle algo.

Yo le dije a Fernando.

El se acercó.

Después del homenaje, la comida y el baile  el festejo culminó como siempre fue costumbre en casa de Lola.

Por supuesto que el Gobernador y su esposa se la perdieron.

Yo nunca pude ver la comida que me sirvieron, me tocó sentarme a un lado de Amanda Miguel y cada vez que se agachaba a comer su abundante cabellera cubría mi plato con el exquisito lomo en salsa de ostión.

Al día siguiente  siguió la fiesta en la playa de Caimanero.

María Elena Leal Beltrán, la única hija de Lola Beltrán no estuvo presente porque trabajaba en España.

Era el año de 1990.

Muchos de los aquí mencionados ya murieron incluyendo a Lola.

Y esa noche de1990 la recuerdo con todo mi cariño.


Compartenos