Crónicas de un periodista… La mujer que se apareció un domingo.

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Por: Agustín torres Sotomayor

Fue un 15 de septiembre de 1996 en El Fuerte del marqués de Montesclaros.

Era el primer “Día del Grito de Independencia” de la administración municipal del ingeniero Julián Vega Ruiz. En ese año yo era vocero de la alcaldía.

Algunos medios de Comunicación habían solicitado cubrir esa ceremonia que como regalo del cielo cayó en domingo, entre ellos estaban ‘Línea Directa’, el noticiero ‘Altavoz’ y ‘El Debate’ de Los Mochis.

Yo había apartado una habitación en el hotel ‘Posada del Hidalgo’ para un equipo de periodistas del canal 3 de televisión de Culiacán. Por alguna razón que después me explicaría Gilberto Castro, no llegaron. Decidí no irme a Mochicahui. Dormiría ahí. Hasta dejé mi equipaje porque al día siguiente tendríamos acto cívico a las ocho de la mañana. 

Por razones obvias llegaron tres compañeros periodistas que no habían avisado de su presencia. Omito su nombre por respeto a ellos.

Serían las diez de la noche, unos minutos antes de la ceremonia del grito cuando se presentaron conmigo.

‘Queremos quedarnos a dormir’ me dijeron. Tuve que cederles la habitación.

Ya no tenía tiempo ni vehículo para irme a casa de mi compadre Ciro Hernández a Tetaroba, ni a casa de mi tía ‘cuca’ Sierra a El Chicural en Chinobampo y menos para irme a dormir a Mochicahui.

Decidí quedarme a dormir en la oficina de Comunicación Social del Ayuntamiento de El Fuerte de la cual era el titular.

A las dos de la mañana se fueron todos de palacio. El alcalde Julián Vega Ruiz se había ido antes a dormir a su casa. El cómo ganadero estaba acostumbrado a madrugar.

Yo entregué las llaves del cuarto de hotel donde se iban a quedar los periodistas de Culiacan. Los acompañe hasta que se establecieron.

No tenía más opción que quedarme a dormir en la oficina de Comunicación Social del palacio de El Fuerte.

Serían las dos de la mañana, me recosté en el viejo sillón, los Presidentes Municipales jamás invierten en la oficina de Comunicación, pensé, cuando se me acomodo un alambre en la espalda.

De pronto escuche ruidos en la oficina de Acción Social Municipal. Los ruidos eran fuertes. En el palacio solo estaba yo en mi oficina y el oficial de guardia, una mujer de 37 años que vivía en la colonia ‘Pablo Macías’, en la ‘Loma del Panteón’. Ella estaba en la puerta de salida. Tenía poco tiempo como agente de Seguridad Publica.

Escuché los ruidos, me puse un short y salí al pasillo del palacio. Cuando abrí la puerta de mi oficina todo estaba oscuro. Voltee a todos lados y el silencio de la noche casi me hace regresar a la oficina. Solo se escuchaban los grillos.

Cuando iba a entrar a la oficina de nuevo, vi una figura de una mujer que salió de la oficina de Acción Social. Pude verla porque brillaba en la oscuridad. Pensé que era una señora que se había quedado dormida y le pregunte, ‘¿puedo servirle en algo?

Jamás volteó a verme. Lo que me llamó la atención es que esa noche ninguna mujer había ido con vestido largo. El de ella casi le cubría los pies.

La seguí. Jamás volteo a verme. Entro al baño de las mujeres. La esperé. Luego salió mientras se cubría el rostro con una tela que parecía una mantellina de seda estampada que caiga de una peineta española. Bajó la escalinata con prisa, parecía que ni tocaba las baldosas. Mientras yo bajaba ella ya iba casi volando frente a la fuente que está en el centro del centenario Palacio Municipal.

No la alcancé. Cuando llegué a la puerta, la agente de policía estaba muy agitada, asustada, cuando me dijo que una señora cruzó el pórtico de metal sin que ella abriera la puerta, se desmayó.

Hable a Seguridad Publica. Al rato nadie pudo explicar el extraño fenómeno. La agente de Policía renuncio dos días después luego de la macabra aparición.

La mujer de vestido largo con mantellina y peineta española cruzo el pórtico de fierro que tenía candado.  

Después busque a la oficial de Policía, renunció, me dijeron.


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